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Nacimiento
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Comencé mi jornada sentimental y emocional siendo
una niña asustada y furiosa, que no sabía cómo ex-
presar sus sensaciones. Crecí en un hogar donde no
sabían cómo enfrentarse a los sentimientos y donde no
hablaban de ellos, en el cual sentía que mis sentimien-
tos estaban deprimidos y paralizados. Me tomó años
encontrar mi voz y empezar a hacerla oír. Ya entonces
tenía una gran sensibilidad para lo que deparaba el fu-
turo, sentía y a veces veía cosas antes que sucedieran
y estaba muy conectada con lo que se encuentra por
encima de la simple realidad cotidiana. Cuando tra-
taba de contar acerca de las cosas que yo experimen-
taba, obviamente no me creían y me decían que “eso
no existe”. La distancia entre lo que yo sabía que era la
verdad, lo que veía con mis ojos y sentía en mi cuerpo,
y la desconfianza de las personas que me rodeaban
engendró en mí una sensación dura que sólo muchos
años después pude identificar como miedo.
Esa sensibilidad y diferencia, especialmente en una
familia como la mía, que no prestaba atención a
esos temas, generaron fricción y problemas durante
mi niñez y adolescencia, y mis padres recurrieron a
la psicología convencional en un intento de encon-
trarles solución. Mi primer encuentro terapéutico
fue traumático: la psicóloga que me trataba violó
la confidencialidad entre nosotras y habló con mi